Instantes

Noches sin luna

Mientras sigo insistiendo en mis visitas a Morrie empiezo a leer libros que tratan de la muerte, del modo en que las diversas culturas conciben el paso final. Hay una etnia de la región ártica de América del Norte, por ejemplo, cuyos miembros creen que todas las cosas que hay en la tierra tienen un alma cuya forma es la del cuerpo que la contiene, en miniatura, de modo que el ciervo tiene dentro un ciervo pequeñito y el hombre tiene un hombre pequeñito. Cuando muere el ser grande, esa forma pequeñita sigue viviendo. Puede deslizarse al interior de algo que nace en las proximidades, o puede ir a un lugar de descanso temporal en el cielo, en el vientre de un gran espíritu femenino, donde espera hasta que la luna pueda volver a enviarla a la tierra. Dicen que, a veces, la luna está tan ocupada con las nuevas almas del mundo que desaparece del cielo. Por eso tenemos noches sin luna. Pero al final la luna regresa siempre, como regresamos todos. Eso es lo que creen.

Martes con mi viejo profesor, Mitch Albom.
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