Instantes

El poeta y la muerte

EL POETA Y LA MUERTE

Jaime Sabines

El poeta estaba enfermo cuando llegó la muerte a visitarlo.

─ Yo soy, dijo la muerte, tu verdadera madre. La que te trajo al mundo te trajo a mis brazos para siempre. Te hablé y tú me oías, y me llamabas tierra. Quería negarme en la flor, pero refugiabas a Dios entre mis brazos. Te tomé de la mano, y me acerqué para que no me vieras.

El poeta dijo: ¿Estabas del lado de mi corazón?

Tú eres ─ respondió ─ el que caía sobre tu corazón. Yo te daba mis ojos todas las noches, pero tú los usabas para mirar la noche. Nunca quisiste verte hasta encontrarme.

─ Pero yo penetré todas las cosas. Tú no estabas. Tú eras un nombre fácil en boca de los hombres.

─ Penetrar es salir. Sólo en el rostro de las cosas se puede hallar las cosas. Horadar las tinieblas con una lámpara es perder la lámpara y las tinieblas. Yo estoy a todas horas en el grito y en el gesto torcido, en las gargantas apretadas y en las caras impasibles de los que sufren. Yo no estoy en las tumbas sino sobre las tumbas. En las manos del carpintero que hace la caja, y en los azahares de la novia que va a hacer el amor.

─ El amor es un lugar al que no llegas nunca. Te asomas a las ventanas del amor y golpeas y gritas, pero sobre sus cristales se quiebran tus manos y tu voz.

Nadie te oye en la casa del amor.

─ Te dije que me acerqué para que no me vieras. Yo soy esa escoba que nadie mira en tu casa del amor. Sus risas también caen, como sus hijos, de sus labios, y yo las recojo después de la danza, cuando todo ha quedado a obscuras.

─ ¿Te irás ? ─ le dijo el poeta.

La muerte sonrió. Estoy.

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