Instantes

«Yo abrazo la vejez»

-¿Tú nunca tuviste miedo a hacerte viejo?- le pregunté. -Mitch, yo abrazo la vejez. -¿Cómo que la abrazas? ¿Es muy sencillo. Cuando creces, aprendes más. Si te quedaras en los veintidós años, serías siempre tan ignorante como cuando tenías veintidós. El envejecimiento no es solo decadencia, ¿sabes? Es crecimiento. Es algo más que el factor negativo de que te vas a morir, también es el factor positivo de que entiendes que te vas a morir, y de que vives por eso una vida mejor. – Sí, dije yo-, pero si es tan valioso envejecer, ¿por qué dice siempre la gente: ‘Ay, si volviera a ser joven’? Nunca se oye a nadie decir: ‘Ojalá tuviera sesenta y cinco años’. Sonrió. -¿Sabes lo que se trasluce en eso? Vidas insatisfechas. Vidas no realizadas. Vidas que no han encontrado su sentido. Porque, si has encontrado un sentido en tu vida, no quieres volverte atrás. Quieres seguir adelante. Quieres ver más, hacer más. No quieres esperar a tener sesenta y cinco años. Oye: una cosa debes saber. Si siempre estás luchando contra el envejecimiento, vas a ser siempre infeliz, porque te va a llegar de todas maneras. Y Mitch… bajó la voz. -La verdad es que al final te vas a morir. Asentí con la cabeza.

Martes con mi viejo profesor, Mitch Albom.
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