Instantes

Qué pasa con el cuerpo

Yo tenía muchos nervios, como supongo que también ella, porque el cuerpo de una abuela es un tabú, y no sé si por esos nervios fue que se las arregló para que cuando yo entrara ya tuviera puesto un fondo ligero pero fondo al fin, uno de color muy claro que hacía una imagen realmente preciosa en el cuerpo vitalísimo de Abuela.
A lo que me refiero es a que su piel, la piel de sus brazos, su cuello, su escote, era una piel realmente espléndida y hablo en términos tanto afectivos como de canon de belleza occidental, de anuncios de Dove, de porque yo lo valgo. Era una piel sorprendente y me da vergüenza decirlo así porque se entiende que yo me esperaba otra cosa, otra piel tan distinta a ésta, que era tan tersa, tan cuidada, tan suave. No había en ella indicios de arrugas tan graves como los que ya me había imaginado, para los que ya me había preparado. Era una textura que parecía atemporal y que me conmovió. Me quedé absorta algunos segundos que quizá no se notaron o quizá sí, cómo saberlo, hasta que tuve que intervenir en lo que se me necesitaba. Pero desde entonces, no pienso más en la piel de Abuela como un cascarón frágil, ni siquiera viejo, sino como un cobijar hermoso. Abuela, ¿me dejas decirte lo bonita que eres?

SU CUERPO DEJARÁN, ALEJANDRA EME VÁZQUEZ

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