Instantes

Llueve, llovizna

Llueve, llovizna, se humedece el aire, se enfría, vuelve a llover, diluvia, caen, paren las nubes a ras de tierra, desaparecen, llovizna, quedan las cosas frías, humedecidas, mojadas, distantes, aisladas, penetradas del cielo derribado, de la ascensión terrestre. El agua insiste. Amputado de las piernas, el día , desde temprano se arrastra trabajosamente en las calles, se regocija en las grandes avenidas, y se echa cansado debajo de los árboles en las plazas sitiadas de edificios.

El agua corre en hilos, en arroyos, hacia la alcantarilla de la esquina, se estanca, se aglomera, desciende de su vientre, crece. Se ha detenido en las paredes, en las ropas, en los jardines interiores; juega con los niños, se divierte con los peatones, humilla a los obreros de los camiones de carga. Luego, se oculta, desaparece, se hace idéntica al aire, se respira. Y entristece a la luz. Alarga las horas de los amantes, prolonga la soledad, ahonda el infortunio.

El agua, sobre la ciudad, permanece, burla el tiempo. Los cristales de las ventanas se endurecen, se hacen como espejos, y se encienden una a una las lámparas.

Jaime Sabines

Photo by Matheus Oliveira on Pexels.com

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