Cuidados

Cuarentena y emociones

Este confinamiento nos ha llevado por una montaña rusa de emociones, ¿verdad?. Nos está poniendo a prueba y habrá para quien estos meses sean un diplomado en sensatez, y para otros lo será en cinismo.

A fuerza de prueba y error nos hemos ido adaptando poco a poco, hemos sido llevados a empujones hacia el aprendizaje que nos permita sobrevivir y sobrellevarnos, porque el que la vida nos tenga en jaque no es opción para caracteres impetuosos pero para algunos de nuestros y nuestras longev@s no es tan evidente.

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La edad se lleva en la mente

¿Te has puesto a pensar que la forma en que las personas perciben su vejez es un factor determinante para lidiar con el confinamiento? Pues sí, la soledad pega más para quienes se sienten avejentados, que en quienes se perciben más joviales. Ahora ya tienes tarea para meditar, ¿sabes qué autoconcepto tiene tu longev@?

Para los especialistas, datos como este les permite ubicar personas que pudieran ser depresivas. Por eso la observación, la comunicación y la atención son primordiales.  Como cuidador@ debes propiciar la convivencia a distancia, eso les ayudará a evitar la sensación de que a nadie le importa lo que le ocurre o siente; pues si hay alguien con la disposición de acompañarles y escuchar sus temores o tristezas, les ayudará a sentirse tomados en cuenta.

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Detonantes

Como tantas cosas en la vida, todo es parte de un proceso. El disgusto no aparece de un día para otro. Sin embargo, esta pandemia ha acelerado y llevado al extremo nuestra tolerancia. Así que aquello que empieza como aburrimiento o hartazgo puede ser la antesala del vacío emocional. Afortunadamente hay opciones, siempre será cuestión de motivarles a mantenerse ocupados es actividades que disfruten, leer o que les lean, escribir, escuchar música, resolver crucigramas, cocinar, caminar, etcétera.

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Sin embargo, hay quienes ya están padeciendo sentimientos que merman el disfrute de la vida. Y cómo no, el miedo al contagio predispone a cualquiera y la carga de las nuevas condiciones nos lleva a la ansiedad; esta, puede ser tan fuerte, que la reacción tiene lugar con el solo imaginar escenarios, factor debido al cual ya estamos generando altos niveles de cortisol.

Habla con tu longev@, procuren identificar qué emoción le embarga y genera malestar. Solo así se podrá atacar la raíz del asunto. Ponerle nombre a lo que siente es un gran paso. Es probable que de antemano sepas que las personalidades controladoras o perfeccionistas tienden a estos rasgos. Para guiarse pueden probar con los siguientes cuestionamientos.

¿Es real o imaginario mi temor?

¿Las consecuencias están en mi mente o se pueden concretar?

¿Planteo escenarios objetivos o de catástrofe?

¿Hay algún beneficio secundario por sentirme así?

En ocasiones, detrás de este descontrol hay tristeza y/o culpa. Nos creamos expectativas de lo que debiésemos ser capaces de resolver como individuos pero cuando vemos que no es así aparece la frustración y queda poco lugar para la aceptación de que se necesita ayuda.

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¿Hogar, dulce hogar?

Quién diría que esta frase tendría que ser cuestionada, si la base de la red emocional para cada familia, si es en casa donde sentimos cobijo. Sin embargo, en la actualidad en ese mismo techo ya no siempre podemos dar y recibir apapacho que nos reconforte y reconcilie con la vida. Y es que llevar a cabo nuestras diversas actividades en el mismo lugar, en el mismo espacio además de monótono puede ser incómodo y crear tensión entre la familia. Lo ideal sería mejorar la comunicación y establecer límites para la sana convivencia. Recordar que el otro no es adivino ni tiene por qué someterse a nuestra voluntad puede ser un gran punto de partida. En otras palabras no espera un largo camino por recorrer, de la mano de la asertividad.

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